COn la colaboración de Paradores
Ya puedes sacar la bici y disfrutar de seis lugares únicos para el cicloturismo
La primavera ya está aquí y nos llama a disfrutar de la bicicleta, en entornos donde pedalear resulta una delicia y tenemos todas las facilidades para la práctica del cicloturismo.

Público
No hay mejor momento que la primavera para subirnos a la bici, cuando los días son más largos, las temperaturas más suaves y permiten itinerarios más extensos. Estos días encontramos las rutas menos concurridas que en otras estaciones y, además, los paisajes lucen vibrantes y en todo su esplendor.
Montar en bici es bueno y lo es más en primavera. Según un estudio de la universidad de Glasgow, quienes practican ciclismo viven hasta 10 años más. Pero hay muchos más beneficios comenzando porque alivia el estrés, mejora la autoestima y el estado de ánimo, previene los infartos… Además, montar en bici también promueve un turismo responsable. Una demanda creciente en los últimos años –el 69% de los viajeros buscan activamente opciones de viaje sostenible según el informe Un mundo en movimiento: cambiando las tendencias de viaje de los Consumidores, del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés)–. Al recorrer rutas en bicicleta, se minimiza el impacto ambiental y se fomenta la contemplación y el disfrute del paisaje. Además, esta forma de viajar permite descubrir lugares desde una perspectiva más auténtica y singular.
Por eso cada vez son más los que disfrutan de una buena ruta en bicicleta y por eso hay alojamientos que, conscientes de la necesidad de llevar la sostenibilidad a todos los ámbitos posibles del turismo, han adaptado sus instalaciones para que los amantes de la bicicleta se sientan como en casa.
Es el caso de Paradores, que en más de un 25% de sus alojamientos facilita la práctica del cicloturismo al ofrecer zonas de custodia, lavado y reparación, rutas personalizadas confeccionadas por el propio establecimiento y servicios opcionales, como la posibilidad de poder subir la bici a la habitación o facilitar el alquiler de estos vehículos en centros asociados cercanos.
Todo ello está orientado a que los ciclistas puedan disfrutar de su pasión sin preocupaciones y con todas las comodidades. Se trata de una iniciativa pionera que está presente en alojamientos de todo tipo: modernos y urbanos, históricos y, por supuesto, en refugios en plena naturaleza, lugares donde disfrutar de la bicicleta en parajes únicos y donde desconectar y descansar en un alojamiento con todas las comodidades y con vistas increíbles. He aquí seis propuestas para levantarse de la cama respirando aire puro y poder subirse a la bicicleta por las mejores rutas de esta primavera.
Con los Picos de Europa como telón de fondo
Ubicado en el corazón del Parque Nacional de Picos de Europa, el Parador de Fuente Dé ofrece una base perfecta para viajeros, con bici o sin ella, que desean descubrir esta región montañosa. Desde allí pueden emprenderse rutas que revelan la impresionante geografía de la zona, entre ellas la que conecta Espinama con Fuente Dé y el puerto de Pandetrave, un recorrido de unos 25 kilómetros con un ascenso y descenso de 1040 metros. Tampoco pasa inadvertido el trazado de Fuente Dé al Refugio de Áliva, pasando por Sotres, que abarca 42 kilómetros y un ascenso de 1840 metros.
La región también alberga pintorescos pueblos como Mogrovejo, declarado Conjunto Histórico, y Potes, conocido por su Torre del Infantado y su Barrio Viejo. Estos pueblos ofrecen una visión de la vida rural y la historia local, enriqueciendo la experiencia del cicloturismo. Además, puedes optar por incluirlos en algún itinerario en bici, como la ruta de carretera que va desde Fuente Dé hasta Potes y los Picos de Europa por el Puerto de San Glorio, un trayecto de 69 kilómetros, con una altitud máxima de 1.670 metros.
El Parador de Fuente Dé, ubicado a los pies del teleférico, no solo es inicio de todas estas rutas, también es templo de la gastronomía local. El cocido lebaniego, preparado en su restaurante, es una opción ideal para reponer fuerzas después de una jornada de pedaleo. La zona, además, permite la práctica de otro tipo de actividades como el piragüismo y el descenso de barrancos, proporcionando alternativas para los días de descanso de la bicicleta.
Desconexión total en una villa medieval
La localidad de Sos del Rey Católico y sus alrededores son un tesoro para los ciclistas que buscan combinar naturaleza y cultura. Se sitúa en Zaragoza, en la frontera entre Aragón y Navarra, en el lugar que vio nacer a Fernando II de Aragón, y cuenta con un alojamiento, el Parador de Sos del Rey Católico, que ofrece una experiencia única. Desde que pisas el establecimiento y te asomas a alguno de sus miradores, la desconexión será total. Las vistas que regala son solo el comienzo de lo que te espera en la comarca de las Cinco Villas cuando te subas a la bici.
Pon rumbo al Pantano de Yesa, a unos 25 kilómetros, o atrévete a aventurarte a la desértica región de las Bárdenas Reales, a 58 kilómetros. Además, la zona está repleta de lugares históricos que merecen una visita, como el municipio de Uncastillo (a 17 kilómetros), el castillo de Javier (a 19 kilómetros), o el impresionante monasterio de Leyre (a 28 kilómetros).
Sos del Rey Católico, uno de los Pueblos más Bonitos de España, ofrece numerosos itinerarios para ciclistas. Después de un día a pedales, puedes reponer fuerzas con un exquisito Ternasco de Aragón en el restaurante del Parador, que ofrece gran variedad de platos típicos de la cocina aragonesa, como las migas con huevo y chorizo o el bacalao ajoarriero.
Con las pilas cargadas, ponte de nuevo en marcha y atrévete con la ruta por el puerto de Sos del Rey Católico y Castiliscar, un trayecto de 46,7 kilómetros para hacer en bicicleta de carretera. Para los más aventureros y experimentados en el pedaleo, decídete por la ruta circular de 113 kilómetros que pasa por Berdún, Bailo, Bagüés y Los Pintanos. Un desafío considerable que implica el ascenso de 1910 metros. Al culminarlo, desearás volver al Parador a descansar y reponer fuerzas.
La lírica de los paisajes castellanos
Soria puede presumir de muchas cosas, entre ellas de sus edificios góticos y románicos del casco antiguo, pero nada desmerece esa extensa llanura castellana, horadada por el Duero, que cautivó a escritores como Machado, Gerardo Diego o Bécquer. Paisajes que se extienden a los pies del Parador de Soria. Un alojamiento rodeado por un frondoso bosque, que se presenta como el punto de partida ideal para descubrir el impresionante entorno natural que se extiende a orillas del río.
Desde aquí, la bicicleta puede llevarte a lugares tan emblemáticos como la Laguna Negra (situada a 50 kilómetros), la Sierra del Urbión (a 60 kilómetros) o el Cañón del Río Lobos (a 100 kilómetros). Las rutas ciclistas en Soria son variadas y desafiantes. Una de las más destacadas es la que recorre el Campo de Gómara y ofrece vistas a la Ribera del Duero, un trayecto circular de 97,8 kilómetros y cuatro horas aproximadamente con un ascenso de 780 metros. Otra ruta interesante y más corta es la que lleva al yacimiento arqueológico de Numancia y la Ribera del Duero, un recorrido de 56 kilómetros con una dificultad moderada. Para los amantes del ciclismo de montaña, la ruta circular que va por el paseo de San Prudencio y el Viaducto de Soria, partiendo del Parador, es una opción ideal para los más aventajados.
Después de una jornada de pedaleo, el Parador de Soria se convierte en el refugio perfecto para recuperar la energía. Sus confortables habitaciones ofrecen un descanso merecido, mientras que su restaurante deleita a los viajeros y visitantes con platos de la cocina tradicional castellana. Te recomendamos probar las migas, los torreznos y el arroz meloso, que son una verdadera tentación para el paladar. Mano de santo para reponer fuerzas.
Naturaleza y aventura en el Delta del Ebro
La ciudad tarraconense de Tortosa con su rica historia y patrimonio, ofrece lugares imprescindibles como la Catedral de Santa María, el barrio judío, los Jardines del Príncipe y los Colegios Reales. Además, el cercano Parque Natural del Delta del Ebro, Reserva de la Biosfera, es una visita obligada, y su belleza puede ser apreciada desde la panorámica que ofrece el Parador de Tortosa, un alojamiento integrado en el castillo monumental de la Zuda y enclave idóneo para conocer todos los atractivos de la zona.
A solo 20 kilómetros se encuentra el Parque Natural dels Ports, un paraíso para los amantes de la naturaleza y el ciclismo. Y en menos de 25 kilómetros se encuentra la Cueva Miravelles de Binifallet, donde podrás admirar formaciones subterráneas y restos históricos del neolítico y de la batalla del Ebro. Para los más aventureros, los 80 kilómetros que distan de Tarragona son una oportunidad para visitar esta capital mediterránea llena de vestigios romanos.
Las rutas ciclistas en Tortosa son variadas y ofrecen desafíos para todos los niveles. La Vía Verde de Tortosa a Xerta es una ruta moderada de 31 kilómetros en bicicleta de montaña, con un ascenso de 170 metros. Otra opción es la Vía Verde del Val de Zafán, que conecta Tortosa con Xerta y Fontcalda, un recorrido de 66 kilómetros con un ascenso de 750 metros. Para los que prefieren rutas circulares, el viejo viaducto del tren ofrece un trayecto de unos 50 kilómetros con un ascenso de 430 metros. También puedes explorar el Parque Natural del Delta del Ebro con una vuelta desde Amposta por La Ràpita y Sant Jaume d'Enveja o atreverte con la cima del monte Caro en el Parque Natural dels Ports en un desafío de 52 kilómetros en bicicleta de carretera.
Después de una jornada de bicicleta, el Parador de Tortosa te espera con su restaurante de aire medieval, donde podrás disfrutar de una cocina de proximidad basada en el arroz. Saborea los deliciosos arroces del Delta del Ebro, como el tot pelat, el arroz negro o el caldoso de galeras, y déjate tentar por la repostería local, como el pastisset de Tortosa.
Ruta por los pueblos blancos de la Axarquía
La serie Verano azul ya nos mostraba en cada capítulo a sus jóvenes protagonistas silbando mientras recorrían en bici muchos parajes de este bello pueblo de la costa malagueña. Nerja es un destino que enamora a todo tipo de viajeros, y por supuesto a los amantes de la bicicleta por sus paisajes y rutas. Y es que no hay mejor manera de explorar los parajes cercanos a esta localidad andaluza que a pedales. Desde el inmenso jardín del Parador de Nerja, las vistas panorámicas te anticipan parte del secreto de ese paisaje que explorar a pedales.
Montado en tu bicicleta, puedes visitar la impresionante Cueva de Nerja, que cuenta con la mayor columna del mundo, de 45 metros de altura. También puedes acercarte al Faro de la Herradura, recorrer los caminos del Parque Natural Tejeda y Almijara, disfrutar de los Acantilados de Maro o atreverte con la Gran Senda de Málaga, que une Nerja con Torrox y Frigiliana.
Para descubrir en un mismo trayecto algunos de los pueblos blancos más pintorescos, atrévete con la ruta que conecta Nerja con Algarrobo, Cómpeta y Frigiliana, un recorrido circular de 67 kilómetros con una altitud máxima de 651 metros y una dificultad moderada. Para los que buscan un desafío mayor es la ruta que también incluye litoral y que va desde Nerja a Vélez, pasando por Trapiche, Canillas, Árchez, Cómpeta y Torrox Playa. Un trayecto de casi 90 kilómetros con una altitud máxima de 708 metros.
Aparcada la bicicleta, Nerja es ideal para disfrutar de otro tipo de deportes como el buceo, el kayak y el snorkel. Pero después de tanta actividad, relájate en la piscina del Parador, abierta ya hasta el próximo otoño, y sucumbe a lo mejor de la cocina andaluza en su restaurante. Tan tentador como volver a subirte a la bici.
Las maravillas de Palencia
Si hay un lugar perfecto para conectar con la naturaleza y disfrutar de tu deporte favorito es Cervera de Pisuerga, un enclave que suele pasar desapercibido para muchos viajeros, a pesar de que atesora auténticas maravillas naturales. Hablamos del Parque Natural Montaña Palentina. Un paraje que da cobijo al nacimiento de los ríos Carrión y Pisuerga y luce en esta época toda su fotogenia.
De hecho, el Parador de Cervera de Pisuerga, un refugio totalmente mimetizado con este precioso entorno, ofrece una panorámica espectacular de este rincón palentino. Desde su terraza, pero también desde habitaciones y desde el restaurante, saluda al viajero el Pantano de Ruesga y los picos más altos de esta región, territorio que resulta un auténtico paraíso ciclista, con rutas variadas y desafiantes, ideales para todos los niveles.
Una de las más recomendadas es la que recorre Ruesga, pasando por la iglesia de Santa María del Castillo y la ermita rupestre, en un trayecto circular de 33 kilómetros con una altitud máxima de 1142 metros. Otra opción es el trazado que lleva al Collado Doncellas, el Puente Pucherín y el Refugio La Espina, un recorrido de 51 kilómetros con una altitud máxima de 1731 metros. O el itinerario circular, de similar distancia, que pasa por la iglesias románicas de San Cristóbal y San Sebastián y por el Puente de San Roque.
En bici o sin ella no dejes de acercarte al Roblón de Estalava, donde se puede admirar a "El Abuelo", un roble de extraordinaria longevidad. Y si te acompaña la familia, el sendero que lleva hasta la cascada de Mazobre es ideal para acercarte con los tuyos, ofreciendo un espectacular mirador desde el que contemplar la caída del agua.
Después del pedaleo y la aventura, el Parador de Cervera de Pisuerga es el lugar perfecto para descansar y recargar energías. Su restaurante, con vistas al pantano y a las cumbres, ofrece platos de la cocina tradicional palentina. No podrás resistirte a un buen solomillo de ternera, a la milhoja de calabacín y a la tarta de manzana reineta artesana. Maravillas gastronómicas a la altura de este lugar.