Opinión
Quemados por el 'Rey Sol'


Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
El mismo día en que mueren cinco mineros en un accidente laboral en Asturias, el rey Felipe VI aparece en un acto en Casa de América, en Madrid, con la cara quemada por el sol: otro accidente laboral. Cada uno se dedicaba a lo suyo: los mineros a la minería y el rey Felipe VI a la monarquía, es decir, a las regatas, los toros, la caza, el esquí, los viajes a todo trapo, los discursos navideños y el borboneo en general. Lo de extraer carbón de una mina sigue siendo igual de peligroso que en el siglo XIX mientras que la monarquía española debe hacer frente a riesgos inéditos en los tiempos medievales, cuando todavía no estaba de moda el duro pasatiempo del esquí.
Tras varias semanas ininterrumpidas de lluvias, nieves y mal tiempo, a Felipe VI el sol inmisericorde lo sorprendió a traición en Formigal. Se conoce que está preparado para todo, excepto para untarse crema solar. Aun así, se presentó en la Casa de América con la bandera de Polonia estampada en la cara, como una reencarnación univitelina del Dúo Baqueira, aquel número cómico en el que Martes y 13 cantaban las Sevillanas Pijas con gran regocijo de la audiencia: “Pochola y Borja Mari, fíjate, se fueron a esquiar”. Los asistentes que acudieron a aplaudirle también le rieron mucho la gracia, aunque cantar, lo que se dice cantar, el rey no cantó.
Era la inauguración de la quinta edición del Foro Económico Español, tan español que estaba organizado por el periódico homónimo y llevaba el lema en inglés: Wake up, Spain! La verdad, cuando Ayuso financiaba la Oficina del Español en Madrid, bajo la atenta vigilancia de Toni Cantó, no pasaban estas cosas. Ahora, en cambio, lo mismo te llevan al rey de España a un foro titulado en inglés que bautizan con el nombre de Madring el futuro circuito de Fórmula 1 en la capital, como si fuese a pilotar un mandril.
Puede que los promotores pensaran que el lema en castellano quedaba un poco paleto y decidieran pasar directamente al latín de nuestra época, igual que esos cantantes de rock nacidos en Albacete que traducen las letras de sus canciones como si hubieran nacido en Manchester, buscando un público más amplio. O tal vez es que lo de “¡Despierta, España!” sonaba demasiado facha incluso para ellos. Lo último que faltaba ya es que, redondeando el maquillaje, tuvieran que pintarle al rey una banda amarilla en las mejillas, otra roja en la frente y un águila en la nariz.
El caso es que ese guiño facial a la bandera polaca se extendió acto seguido en el mensaje belicista del monarca, que insistió en la urgencia del rearme europeo y el incremento de los gastos en materia de defensa. Vamos, que el rey había ido básicamente a vender bombas, a promocionar a los fabricantes de armamento. Por supuesto, no iba a hablar del problema de la vivienda en España, de la necesidad de agilizar las listas de espera en la Seguridad Social o de garantizar la seguridad laboral para los mineros asturianos. Bastante hizo con advertir del riesgo de esquiar a cara descubierta y sin la debida protección. Quemados por el rey sol: pocas veces nos habremos visto mejor representados.
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