Opinión
Asesinos que hacen caja y maltratadores en libertad


Periodista
Historias de asesinos para hacer caja, como José Breton con un libro; y maltratadores libres después de intentar matar a su expareja. Este es el panorama general. Ahora, el detalle.
Al asesino José Bretón, el padre de Ruth y José, lo vamos a tener en las estanterías de las librerías. Se publica un libro con su testimonio, donde ahora confiesa el crimen. No por arrepentimiento, sino buscando beneficios. No le bastó con matar a sus hijos, con guardar silencio mientras se hacía la búsqueda o con torturar durante meses a la madre. También tiene ahora la desfachatez y desvergüenza de hablar en un libro sobre el crimen. Una dosis nueva de violencia contra Ruth Ortiz. Una mujer que, como tantas víctimas, intentan olvidar y recuperar parte de sus vidas, pero hay quienes quieren amargarlas. Recordemos que una jueza fue capaz hasta de negar que Ruth Ortiz sufriera maltrato psicológico por parte de José Bretón, estando ya condenado por matar a sus hijos. Decía la Justicia que aunque, por parte de él, hubieran expresiones malsonantes, groseras o reprochables hacia ella, estás no se podían sacar de contexto dado que eran en “situaciones de desinhibición” en encuentros familiares. Por si no tuviese Ruth Ortiz la carga psicológica de ser negada ante la Justicia como víctima, de haber perdido a sus hijos, ahora llega este nuevo capítulo del libro. Porque claro, qué más da todo el sufrimiento si en el fondo solo se buscan beneficios personales o hacer caja.
Hace poco hemos conocido también que el maltratador que intentó matar a cuchilladas a su ex pareja en Massamagrell, el 8M de 2021, está en la calle. Y además lo habían dejado en libertad antes de dar a la víctima el dispositivo de protección por si incumple la orden de alejamiento. Recordemos que el tipo le amenazó con que “volvería a terminar lo que empezó”. Y recordemos también que los forenses indicaron que “las gravísimas lesiones sufridas eran mortales de no ser por la rápida intervención”.
El motivo de su puesta en libertad es que ya han acabado los cuatro años de prisión provisional y su caso está aún pendiente de sentencia firme. ¿Cómo es posible? Pues porque realmente sí que hubo una condena por parte de la Audiencia Provincial de Valencia. Era de nueve años y medio de cárcel, pero el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana declaró la nulidad de la sentencia porque no ven delito de acoso ni de amenazas. Y eso que el informe de una médico, una psicóloga y una trabajadora social forense advierten de que sí existe el riesgo.
Y vamos al fondo, que tiene miga. Según el Tribunal Superior de Valencia, las amenazas pueden ser compatibles con acoso pero también “con cualquier otra circunstancia que haya podido ser vivida o imaginada por una persona”. Es más, subraya que el “miedo es libre y que cada uno coge la porción del mismo que su mente le sugiere, pero eso no quiere decir que ese miedo sea acorde a lo que haya padecido en realidad”.

Para afinar aún más, remarca que la víctima pudo empezar otra relación sentimental antes del intento de crimen machista. Y aquí ya me estalla la cabeza, porque ya hemos explicado mil veces que en las separaciones o cuando las víctimas rehacen sus vidas es cuando estos tipos van a por ellas. Y, por otro lado, ¿desde cuándo tener otra relación invalida que un tipo te amenace de muerte después de que casi ya lo hubiese hecho? Y ojo, queda una más. Ella recibió varias puñaladas, pero según la jueza no hay ensañamiento porque “no estamos ante el supuesto de que empezara a cortarle dedos, posteriormente un brazo y siguiera con los pies y las piernas, para hacerla sufrir”. Es decir, “no quería ensañarse con su víctima, solamente conseguir el objetivo de matarla”. Visto así, un poco más y hay que darle incluso las gracias.
Pienso en esta víctima, pienso en Ruth Ortiz y pienso en tantas que van de juzgado a juzgado con angustia, esperando ser protegidas y encuentran que no han tenido suerte. Pero sobre todo pienso en cómo estos tipos, aunque traguen años de cárcel, sonríen con un sistema que les da margen para seguir ejerciendo violencia, aunque quienes sentencien no lo vean.
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