Entrevista a Ulises Cortés"La IA puede ayudar en la regulación de la vivienda, pero esto choca con los intereses de quienes financian las aplicaciones"
Hablamos con el catedrático de Inteligencia Artificial en la UPC y director del Grupo de IA de Alto Rendimiento en el Barcelona Supercomputing Center.

Barcelona--Actualizado a
Oímos hablar de Inteligencia Artificial (IA) a diario. Aunque nació hace más de 60 años, las aplicaciones derivadas de esta "disciplina científica" —como la define el catedrático de IA en la Universitat Politèncica de Catalunya (UPC) Ulises Cortés (México, 1960)— han irrumpido con fuerza en nuestra vida cotidiana y protagonizan constantemente debates políticos y filosóficos. ¿Cómo pueden ayudarnos a tomar decisiones o a resolver retos sociales? ¿Quién financia su investigación? ¿Están suficientemente reguladas? ¿Qué impacto medioambiental tienen? Hablamos con el experto mexicano, que recibe a Público en su despacho del Campus Nord de la UPC en Barcelona.
Además de ser catedrático desde 2006, Cortés es un referente internacional y dirige desde 2017 el Grupo de Inteligencia Artificial de Alto Rendimiento del Barcelona Supercomputing Center (BSC). Su investigación está centrada en la "formación de conceptos en sistemas basados en el conocimiento, así como el aprendizaje automático y los agentes inteligentes autónomos", según su descripción en el BSC. Fue nombrado doctor honoris causa en 2023 por la Universitat de Girona (UdG).
Más allá de aplicaciones ampliamente conocidas, como ChatGPT, que ya forman parte de nuestro día a día, ¿de qué otras maneras la IA está presente en nuestra vida cotidiana? ¿En qué ámbitos nos facilita las tareas o mejora nuestra sociedad?
Está presente en nuestro día a día desde hace 20 años. ¿Usas una tarjeta de crédito? ¿Compras en portales en línea? ¿Recibes recomendaciones sobre qué comprar?
Sí. Claro, los algoritmos también son IA.
La IA es una disciplina científica que hay que distinguir de sus aplicaciones. Al igual que la física, busca resolver preguntas fundamentales. A través de la investigación, se generan resultados que luego pueden aplicarse. El objetivo de la IA es comprender la inteligencia animal —ni siquiera la humana— y determinar si se puede reproducir en una máquina. Para ello, es necesario programar y usar algoritmos, que, en general, son el motor de todas las ciencias computacionales.
La IA no es nueva, pero se ha popularizado hace relativamente poco.
Nació en 1956 [el científico e informático John McCarthy utilizó el término por primera vez en una conferencia en Dartmouth]. Se emplea en multitud de aplicaciones, la diferencia está en la potencia de las máquinas. Desde el punto de vista computacional, la IA se desarrolló casi al mismo tiempo que la computación moderna. Cuando Alan Turing [el matemático que descifró los códigos nazis enviados con la máquina Enigma] se preguntaba si las máquinas podían pensar, poco antes del nacimiento de la IA, estas eran todavía muy sencillas. De hecho, tu ordenador es diez mil veces más potente que la máquina que llevó al hombre a la Luna.
Tu ordenador es diez mil veces más potente que la máquina que llevó al hombre a la Luna
Insisto, la manera en que nombramos las cosas puede llevar a malentendidos. La IA es una disciplina, como la física o la biología, y tiene aplicaciones, que son las que vemos en los ordenadores.
Aplicaciones que se utilizan en muchos ámbitos, como la sanidad o la educación.
Donde haya un chip, se pueden ejecutar programas. Un médico o un policía, por ejemplo, dispone de un terminal con programas específicos que le proporcionan apoyo en la toma de decisiones. Hay que dejarlo claro: se trata de un apoyo, no de un sistema que decide por él. Estos programas procesan datos e información para generar un resultado que el usuario puede interpretar.
Entonces, ¿por qué la IA genera tanto debate actualmente?
En los últimos 15 años se ha abaratado la computación, ha aumentado la capacidad de generar información y, sobre todo, ha cambiado la manera de financiar la investigación. Hasta principios del siglo XXI, eran principalmente los gobiernos —sobre todo, el de Estados Unidos— quienes financiaban la investigación en IA. Pero a partir del 11S, se pidió a las compañías privadas que aumentaran su inversión porque se flexibilizaron todas las leyes de protección de la privacidad. Nació la Patriot Act, que dio permiso a las empresas para acceder a datos personales y sensibles de todos los ciudadanos del mundo, no solo de los estadounidenses.
En pro de la seguridad.
Entre comillas, claro. La seguridad del paraíso americano. Esta ley debía servir para proteger del terrorismo, pero de repente aparecen un montón de compañías como Facebook o Twitter que ofrecen servicios gratuitos de comunicación en todo el mundo. Volcamos datos constantemente, y ellas procesan información sobre nosotros. Es más, generan conocimiento sobre nosotros.
Ha quedado claro que las aplicaciones de la IA son una herramienta que puede beneficiar a las empresas privadas, pero también pueden utilizarse para tomar decisiones sobre políticas públicas. ¿Cómo puede ayudarnos, por ejemplo, a afrontar grandes retos sociales como el acceso a la vivienda?
Pueden ayudar a optimizar los recursos para regularla, pero esto choca con los intereses privados de las empresas que financian estas mismas aplicaciones. A grandes propietarios como Amancio Ortega o compañías como Google no les interesa que la vivienda se regule de manera óptima, ya que, además, son dueños de aviones, de Airbnbs, etc. No se pagan impuestos, las ciudades se deterioran y se produce gentrificación. Ha habido una extracción masiva de capital de las ciudades, que se han beneficiado muy poco del turismo masivo, el cual invierte poco. Por otro lado, se ha generado un desplazamiento de población y una gran precariedad entre los jóvenes.
La IA puede optimizar recursos para regular la vivienda, pero esto choca con los intereses de las empresas que financian las aplicaciones
¿Se ha regulado el uso que pueden hacer las grandes compañías de la IA?
Se ha creado la Artificial Intelligence Act, una regulación europea que intenta uniformar toda la legislación dentro del espacio Schengen. Para Google, era mucho más fácil atacar cuando la legislación estaba fragmentada entre muchos países. Pero unificada, es mucho más potente, como ya ocurrió con la ley de Protección de Datos. Si te fijas, una de las primeras acciones de la Administración Trump fue derogar todas las restricciones sobre privacidad y uso de datos en territorio estadounidense. Si tus datos viajan a Estados Unidos, ya no estarán protegidos. Además, se ha demonizado mucho a China, acusándola de ser una tiranía. Ahora tenemos un problema que ha dejado de ser estrictamente económico para convertirse en geopolítico.
¿Quién controle la IA controlará el mundo?
Eso lo dijo Putin en 2017. Quién controle las aplicaciones, controlará el mundo. Es difícil controlar la ciencia. Lo que sí es cierto es que los gobiernos y los empresarios europeos no han invertido tanto en IA como los estadounidenses, que ven más beneficios porque hay menos regulación.
Hace un par de años, firmó una carta abierta que pedía frenar la "carrera sin control" de las aplicaciones de la IA.
Sí. Para hacer una analogía: muchos científicos han pedido que se detengan los experimentos nucleares y la producción de armas, pero nadie pide que se detenga la física. También hay geopolítica y peligros. Es muy alarmista y tiene mucho gancho publicitario decir que la IA acabará con la humanidad, como lo podría hacer una bomba atómica, pero no estamos en ese punto de destructividad. Aun así, sí que hay aplicaciones que pueden ser perjudiciales. Europa reclama una IA de confianza, que respete la privacidad, sea justa y responsable con la sostenibilidad del planeta.
Es alarmista decir que la IA acabará con la humanidad, como lo podría hacer una bomba atómica
Hablando de sostenibilidad, todos estos datos necesitan un espacio donde almacenarse. ¿Qué impacto ambiental puede llegar a tener esto?
Deberías ver los centros de datos que hay en Aragón y Madrid. Deberías preguntarte por qué, en lugares con estrés hídrico y falta de producción energética, los gobiernos locales permiten la instalación de estos centros y les conceden beneficios fiscales. Una cosa es construir un centro de datos del Gobierno y utilizarlo para el bien común, pero otra es ceder terrenos, agua, electricidad y cuota de carbón a compañías privadas que, además, no pagan todos los impuestos que deberían pagar. Es terrorífico. Esto podría pasar mañana en Catalunya.
No hay conciencia sobre los recursos naturales que se consumen.
Cada pregunta que se hace a ChatGPT cuesta el equivalente a una lámpara de 40 vatios encendida durante una hora y seis litros de agua. Se estima que se hacen 200 millones de preguntas al día a OpenAI y mil millones a los cinco modelos de IA generativa de texto más grandes del mundo. ¿Tú para qué la usas?
Para traducir, va bien.
Cada ciudadano es responsable de lo que hace y de saber si es necesario utilizarla, por ejemplo, en el trabajo, para ser más rápido o eficiente. ¿Es realmente necesaria esta velocidad? Debemos distinguir entre la automatización de procesos repetitivos y con poco contenido humano y tareas creativas como la traducción o la interpretación. Si entendemos la tecnología y sus efectos, la usaremos de manera responsable. Y cuando empiecen a cobrarla, ¿qué? Se creará una brecha. Necesitaremos la máquina, Internet y dinero para pagar el servicio.
El científico Salvador Macip afirmó en una entrevista con 'Público' que la IA no puede generar datos nuevos, solo hace "refritos" de información existente. ¿Estás de acuerdo con esta visión? ¿Cuál es el verdadero alcance creativo de la IA?
Las máquinas de IA generativa utilizan datos preexistentes. Podría consumir todo lo que hay digitalizado, sí. Otra cosa es que el tipo de razonamiento que utilizan las máquinas no es como el humano. Es estadístico o probabilístico, pero no tiene intuición, empatía ni muchas otras características que los humanos desarrollamos a través del esfuerzo, la observación y la interacción con otras personas. La IA tendrá unas capacidades de respuesta, pero no tendrá intención. Estamos intentando crear máquinas con intenciones, deseos y metas.
¿Cuál es el objetivo de crear una máquina con deseos o metas?
Deberíamos preguntarnos primero por qué los nietos no cuidan de sus abuelos. Ante esta situación, hay dos opciones: o contratas a una persona o bien compras un robot para que haga ese trabajo. Pasa lo mismo con las personas con discapacidad que son dependientes. Necesitamos producir riqueza para que haya impuestos y podamos pagar las pensiones. Pero cada vez hay menos hijos. Entonces, ¿quién lo hará? Recibimos inmigrantes. Ah, espera, que no gustan porque son extranjeros. Entonces fabricamos robots para que sustituyan a una persona y paguen impuestos. Las necesidades que genera la sociedad, queridas o no, se pueden cubrir con la IA. Otra cosa es que se quiera hacer.
La transformación tecnológica es rapidísima. ¿Cómo podemos regularla al mismo tiempo que avanza?
No se puede. Por eso, en la estrategia catalana de IA, propuse que todos los profesores de primaria y secundaria hicieran un máster en tecnologías. Ya que los padres son analfabetos digitales, necesitamos que alguien eduque a los hijos. Es la única manera de que esta nueva "caja negra" esté fundamentada en conocimientos. Es mentira que haya "nativos digitales". Tendrán más ventajas porque los instrumentos ya están ahí y utilizan la tecnología, pero no la comprenden.
Es mentira que haya 'nativos digitales'. Utilizan la tecnología, pero no la comprenden
El cambio nos ha pillado resolviendo otros problemas y a alguien le ha interesado que la tecnología no sea una prioridad. Se promueve mucho la creatividad, pero las carreras tecnológicas cada vez son menos demandadas y tenemos un déficit de profesionales en este sentido.
¿Podemos imaginar hacia dónde evolucionará la IA?
Sí. En los próximos 10 años disminuirá la expectación sobre todo lo generativo y el deep learning, y volveremos a la IA más tradicional. Es muy difícil encontrar una aplicación basada en el aprendizaje automático o los modelos masivos de lenguaje que genere dinero o que se pueda utilizar en situaciones críticas porque todavía cometen muchos errores.
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