Las imágenes virales al estilo Ghibli reabren el debate sobre la inteligencia artificial
Regalas tu imagen, aplastas a diseñadores, ilustradores y artistas, y encima consumes una gran cantidad de recursos ambientales. Al margen de la diversión, la generación de imágenes a través de ChatGPT vuelve a poner sobre la mesa un historial de preocupaciones.

“Transforma esta foto como si perteneciera al universo visual de Studio Ghibli, conservando el fondo y la pose. Aplica sus rasgos característicos: colores, trazos y textura”. Para nosotros es una simple frase, pero para ChatGPT esto se llama prompt, y es la instrucción que necesita para convertir una foto tuya en una hermosa ilustración que podría haber dibujado el mismísimo Hayao Miyazaki.
En los últimos días, las redes se han inundado de ilustraciones que bien podrían formar parte de El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke o El castillo ambulante. Nada más lejos de la realidad. Son fotografías personales de miles y miles de usuarios que han decidido regalar su imagen y la de sus amigos, familiares y parejas a OpenAI. Sí, regalar. Porque ChatGPT no te ha pagado nada y ya tiene una fotografía de tu viaje a París, tu barbacoa en el chalet de tu amiga y tu selfie familiar en la terraza de un bar.
“Cuando se usan aplicaciones o plataformas de IA para crear imágenes, algunas veces se requiere que las personas suban fotos o detalles personales para generar un resultado. Si no se gestionan adecuadamente, las imágenes pueden ser utilizadas sin el consentimiento explícito, violando la privacidad de los usuarios. Además, el riesgo de robo de identidad aumenta, ya que las imágenes generadas podrían ser manipuladas o difundidas sin el control de quien las comparte”. Son las palabras del propio ChatGPT cuando le preguntas por los peligros asociados a la generación de este tipo de imágenes, que parecen muy cuquis y consiguen muchos likes, pero que no podemos olvidar que tienen detrás toda una serie de riesgos asociados.
¿Qué opina Hayao Miyazaki?
Era 2016, todavía no habíamos descubierto las herramientas de OpenAI, pero Hayao Miyazaki ya estaba hablando de inteligencia artificial. “Nunca desearía incorporar esta tecnología a mi trabajo en absoluto. Creo firmemente que esto es un insulto a la vida misma. Siento que nos acercamos al fin de los tiempos. Los humanos estamos perdiendo la fe en nosotros mismos”, señaló entonces el director de cine de animación, animador, ilustrador, empresario, mangaka y productor de anime japonés en un vídeo que ahora se ha vuelto a hacer viral.
De momento, no se ha pronunciado sobre la proliferación de imágenes que han copiado su estilo en los últimos días, pero tampoco es muy difícil imaginar lo que estará pensando sobre ello. Este trend también ha levantado preocupaciones en el sector de la animación, y no es para menos. ¿Quién puede asegurar que los diseñadores, ilustradores y artistas no perderán sus trabajos y verán cómo este es reemplazado por máquinas que generan resultados similares en mucho menos tiempo y a un coste mucho inferior?
Cuidado con la huella de carbono
¿Alguna vez te habías planteado las consecuencias medioambientales que tiene las preguntas y órdenes que le pides a ChatGPT? “Las redes neuronales y modelos de IA que generan imágenes requieren grandes cantidades de potencia computacional. Estos procesos necesitan energía eléctrica y, dependiendo de la fuente, esta puede tener un alto costo ambiental. La minería de datos y el entrenamiento de modelos de IA suelen ser operaciones intensivas en recursos que contribuyen al consumo de agua y energía a nivel global, lo que genera una huella de carbono significativa”, señala la propia herramienta al ser preguntada al respecto.
Ya hay varios estudios que han tratado de alertar de este tipo de consecuencias medioambientales. Según una investigación de la Universidad de Riverside, el entrenamiento del modelo lingüístico GPT-3 en los centros de datos de última generación de Microsoft en Estados Unidos podría utilizar directamente unos 700.000 litros de agua dulce limpia.
Aunque este tipo de imágenes sean tan divertidas y se vuelvan tan virales, siempre viene bien tener en cuenta sus implicaciones éticas, sociales y medioambientales.
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