Vox exprime la "frustración" de los jóvenes con la vivienda para rascar votos y agitar una "guerra entre pobres"
La extrema derecha tiene a los votantes menos concienciados con la emergencia habitacional, según el último CIS. Abascal lucha por capitalizar el "desasosiego" de los inquilinos que están a priori fuera de su electorado.

Madrid--Actualizado a
Los precios del alquiler han subido casi tanto como el número de votos a la extrema derecha. Los ultras han concluido las últimas elecciones europeas como segunda fuerza; ocupan ahora mismo una cuarta parte de los escaños en Bruselas. España no se queda atrás. Vox lleva meses creciendo en las encuestas: la formación sería la tercera lista más votada si las elecciones se celebrasen mañana; conseguiría 42 asientos en el Congreso. ¿Y qué ocurre fuera de los parlamentos? La vivienda ha vuelto a situarse como el principal problema de los españoles (28,4%), según datos del CIS. Este es el cuarto barómetro consecutivo que traza el mismo resultado. Las dos curvas progresan de forma paralela. No es casual. ¿Cómo impacta la emergencia habitacional en las sensibilidades de los votantes?
Los hombres son más de derechas que nunca, sobre todo los jóvenes. La falsa sensación de que "el feminismo ha ido demasiado lejos" es uno de los puntos que explica esta tendencia. El otro es la pérdida de poder económico; un debilitamiento financiero que causa "malestar" y que también se refleja en las urnas. Es aquí donde entra en juego el problema de la vivienda; un problema transversal, pero que se ceba sobre todo con las clases más precarias: las nuevas generaciones.
"Los jóvenes hemos crecido escuchando que viviríamos mejor que nuestros padres, pero pasa el tiempo y vemos que estas promesas son imposibles. La frustración provoca ansiedad, desasosiego, desconfianza, y todas estas emociones las sabe aprovechar demasiado bien la extrema derecha", sostiene Alba Agraz, coordinadora del área de Vivienda y Trabajo en Ideas en Guerra.
El think tank ha organizado este martes un coloquio en el que cinco voces del activismo, la política y la academia han tratado de explicar por qué el voto ultra crece cuando los inquilinos están descontentos y pagan más por sus casas. "La vivienda juega un papel fundamental en la pérdida de legitimidad del capitalismo. El empobrecimiento de los trabajadores se veía antes compensado por el acceso a una vivienda en propiedad; una suerte de activo que se podía revalorizar con los años", insiste Javier Gil, investigador en el Grupo de Estudios Críticos Urbanos. "Este modelo empieza a romperse en 2008. La vivienda deja de garantizar cualquier protección social y las nuevas generaciones sufren los efectos de un mercado del alquiler cada vez más agresivo. Los ultras son quienes están sabiendo disputar este marco", añade.
El asunto no preocupa a todos por igual. La brecha queda al descubierto en el último barómetro del CIS. Vox tiene a los votantes menos concienciados con la emergencia habitacional y las izquierdas lideran la parte alta de la tabla. El principal problema para los encuestados que simpatizan con la extrema derecha es el Gobierno de Pedro Sánchez (35,5%), por delante de la "inmigración" (12,4%), los asuntos políticos (8%) y el mal comportamiento de nuestros representantes (6,7%). Vox no tiene una estrategia contundente en materia de vivienda; tampoco la necesita, no serviría para movilizar en exceso a sus votantes. Los planes pasan por buscar perfiles desencantados de puertas hacia fuera.
La vivienda como "elemento de competición"
La extrema derecha ha sabido canalizar las inquietudes de la población ante la falta de expectativas y la inseguridad financiera; los ultras no dudan a la hora de señalar culpables –las personas migrantes, las clases trabajadoras, incluso el Estado–. El objetivo: promover una suerte de "guerra entre pobres", conectar con un electorado que se siente "abandonado" y atraviesa una severa crisis aspiracional. "España es un país históricamente de propietarios. La extrema derecha utiliza la vivienda como elemento de competición, dicho de otra manera, trata de culpar a la población migrante de la emergencia habitacional. Este discurso lo vemos también con otras cuestiones como la escasez de puestos de trabajo o plazas en los colegios", matiza Jorge Dioni López, periodista y autor de El malestar de las ciudades (Arpa).
La falta de viviendas y alquileres asequibles ha desatado protestas en Madrid, Barcelona, Málaga, València, Sevilla y Canarias; también en Lisboa, Ámsterdam, Londres, Praga y Milán. La extrema derecha no ha secundado ninguna de estas movilizaciones –"lo raro hubiera sido lo contrario"–, pero sabe que el ambiente está caldeado. "Los ultras quieren evitar una gran alianza entre todos los sectores que sufren las consecuencias de la explotación: desde los hipotecados, hasta los inquilinos o los que arrastran impagos y se ven forzados a otras formas de acceso a un hogar. Esto lo vemos muy bien en las campañas contra la okupación", desliza Javier Gil.
La falsa alarma de la okupación
Vox tiene un escueto programa en materia de vivienda, un plan de acción diseñado –textualmente– para "recuperar una España de propietarios" y seducir a los que sueñan con ser nuevos ricos. Abascal propone aumentar la oferta –volver al ladrillo– y reducir impuestos para beneficiar a los propietarios. "Lo que para unos crea emergencia habitacional, para otros engrosa la hucha familiar", destaca Jorge Dioni López. La otra gran baza de los ultras tiene que ver con la apropiación del concepto de seguridad. "El pánico social que se ha creado con la okupación enlaza con la idea de que la izquierda promueve y defiende este tipo de fórmulas. Es un mensaje que ha calado bastante bien", continúa.
El mantra, sin embargo, no encuentra base científica. España tiene 27 millones de viviendas y registró el año pasado 16.400 denuncias por allanamiento de morada o usurpación, según datos del Ministerio del Interior. La okupación ilegal afecta a menos del 0,06% del parque inmobiliario. El "miedo" que predican las derechas tampoco coincide con lo que recogen las encuestas: la okupación sólo preocupa al 1,6% de los españoles que han participado en el último barómetro del CIS. El porcentaje sube hasta el 2,8% entre los votantes de Vox. Es el más alto de todos los grandes partidos con representación en el Congreso, pero es un porcentaje en cualquier caso "residual".
¿Qué puede ocurrir a largo plazo?
"La extrema derecha es incapaz de ofrecer alternativas reales que den solución a esta crisis, sobre todo porque están del lado de la especulación, el rentismo y los fondos buitre. La vivienda es uno de los grandes temas del debate público actual, no cabe duda, y las soluciones pasan por la organización, la movilización y la creación de un contrapoder que asuste a los que quieren convertir un derecho en un negocio", reivindica Alba Agraz. Las voces que han hablado con este diario suscriben esta tesis y no descartan, de hecho, que las pretensiones de las fuerzas reaccionarias puedan tener el efecto contrario más pronto que tarde: "Es una mirada bastante miope [la de Vox] que a medio y largo plazo servirá como impulso para la organización ciudadana en torno a plataformas y sindicatos. Si las políticas de vivienda no facilitan el acceso a la vivienda, los inquilinos pasarán a la acción".
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